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Hemingway – La leyenda

Siguiendo el consejo de John Dos Passos, miembro de la “generación perdida” de artistas y escritores expatriados que vivieron en París en la década de 1920, Hemingway se animó a visitar Key West por primera vez. Hemingway no viajó directamente al sur de Florida desde París, sino que llegó a través de la Habana, Cuba, una ciudad y un país que serían de vital importancia en la vida personal y profesional de Hemingway en adelante. A su llegada a Key West en abril de 1928, lo primero fue localizar el nuevo Ford Roadster que el rico tío de Pauline Hemingway, el Tío Gus, les había comprado, tan generosamente, como regalo de boda. El coche se había retrasado en tránsito y el concesionario de Ford insistió en que buscaran alojamiento en un lugar situado sobre la sala de exposiciones en Simonton Street. Ernest y Pauline aceptaron la oferta y el escritor comenzó a trabajar en una historia bélica que había comenzado a escribir mientras viajaba por mar hacia Key West. Hemingway no dejó de lado sus hábitos parisinos de escribir por la mañana temprano, y tomarse su tiempo para explorar los alrededores por las tardes. Los Hemingway pasaron tres semanas esperando por su coche y durante este breve interludio Ernest, curiosamente, terminó una novela parcialmente autobiográfica sobre la primera guerra mundial, "Adiós a las armas". Al poco de llegar, Hemingway conoció a Charles Thompson, propietario de la ferretería local. Charles Thompson introdujo a Hemingway en el apasionante mundo de la pesca deportiva, y surgió una duradera amistad entre ambos. Charles y su esposa Lorine invitaban a los Hemingway a su casa de Fleming Street. Lorine Thompson era tan agradable y simpática como su marido, Charles, y durante esos primeros días en Key West también se fraguó entre ella y Pauline una amistad que duraría toda la vida. Tanto Ernest como Pauline comenzaron a enamorarse de Key West y sus habitantes y pronto decidieron buscar allí su residencia permanente. Después de dos temporadas en Key West, el tío de Pauline, Gus, les compró la casa en Whitehead Street en 1931. El hogar de los Hemingway se había construido en 1851, en estilo colonial español, y en piedra de las canteras locales. La casa se encontraba en muy malas condiciones cuando la compraron, pero tanto Ernest como Pauline vieron más allá de los defectos y fueron capaces de apreciar las increíbles líneas arquitectónicas y de la construcción de la casa. La restauración y remodelación que emprendieron a principios de los 30 convirtió la casa en el punto de referencia histórico nacional que cientos de turistas visitan y disfrutan hoy en día. Una de las características únicas y extraordinarias del recinto es la piscina, construida entre 1937 y 1938, al asombroso precio de 20 000$. Fue la primera piscina a nivel de Key West y la única piscina en 100 millas. El exorbitado precio de la construcción hizo que Hemingway cogiera un penique de su bolsillo, lo pegara en el cemento húmedo del patio circundante y que dijera bromeando, "¡Aquí está, coge el último penique que me queda!" Los turistas están invitados a buscar el penique, todavía incrustado en las baldosas en el extremo norte de la piscina. El toque personal de los Hemingway todavía sigue presente en toda la casa. Muchos de los muebles únicos son antigüedades europeas coleccionadas durante su estancia en el continente. Las monturas y las pieles de trofeo fueron suvenires de los safaris africanos de los Hemingway y de las numerosas expediciones de caza en el oeste americano. La presencia de Ernest todavía se puede sentir en su estudio en el que creó alguna de sus obras más conocidas. Además, los descendientes de los gatos de Hemingway son un vínculo vivo y muy visible con el pasado. Cuenta que Hemingway entabló amistad con un capitán de marina que era propietario de un curioso gato de seis dedos, que llamó la atención de Ernest. Al marcharse de Key West, el capitán le regaló el gato a Hemingway. Actualmente, muchos de los numerosos gatos que habitan en el recinto aún poseen los inusuales seis dedos. Los amigos de Ernest, Charles Thompson, Joe Russell (también conocido como Sloppy Joe), y el capitán Eddie "Bra" Saunders, junto con sus antiguos amigos de París pasaron a ser conocidos en Key West como “La pandilla". La pandilla podía ir a pescar a Dry Tortugas, Bimini y Cuba durante unos cuantos días o unas semanas en busca de un atún gigante y un pez espada. Todos los miembros de La pandilla tenían un mote, el de Hemingway era "Papa", un apodo que le acompañaría para el resto de su vida. Así le llamaban sus familiares y amigos. El Key West de Hemingway era una ciudad distinta a cualquier otra que hubiera visto antes. Estaba llena de gente interesante, que iban de hombres de negocios y abogados adinerados a pescadores sin fortuna, a rescatadores de naufragios. A lo largo de su carrera, Hemingway utilizó libremente la gente y los lugares que encontraba en sus obras literarias, y muchos de los de Key West aparecen como personajes en su novela "Tener y no tener", una novela sobre Key West durante la Gran depresión. Ernest y Pauline se divorciaron en 1940, Hemingway estableció su residencia en Cuba con su tercera esposa, Martha Gellhorn. Siguió visitando Key West durante los años 40 y los 50 hasta su muerte en 1961. Con el paso de los años, Key West se había convertido en el hogar de muchos escritores y artistas, pero ninguno de ellos tuvo una presencia ni una influencia tan profunda como la de Ernest Hemingway.